FIN DE SEMANA DIEZ EN MAHÓN
Menorca no es un destino que descubramos ahora. Es la isla a la que volvemos, año tras año, con la excusa perfecta: nuestro último shooting, el de la colección El Pulpo, lo hemos hecho aquí, entre calles, el mar y esa luz que solo tiene esta isla. Y como cada vez que volvemos nos enamoramos un poco más, nos apetecía compartir con vosotras un fin de semana de diez en Menorca: nuestro hotel favorito, nuestras paradas obligatorias, los sitios a los que volvemos siempre y los que hemos ido descubriendo.
Esta vez hemos tenido de base Mahón, después, si tienes más días, lo ideal es combinarlo unos días con un hotel en la playa o con alguna de sus muchas fincas rurales del interior, para que la escapada tenga ese punto de costa y de campo que hacen de esta isla algo tan completo.
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Cristine Bedfor
Si hay un sitio en el que nos sentimos como en casa en Mahón, es Cristine Bedfor. Está en pleno centro del puerto, el segundo puerto natural más largo del mundo, y eso ya lo dice todo: te alojas literalmente dentro de la ciudad, con el puerto como telón de fondo y todo Mahón al alcance de un paseo. Porque perderte por sus calles, sus tiendas y sus restaurantes es, en sí mismo, un plan.
La decoración lleva la firma del interiorista Lorenzo Castillo, que ha mezclado con muchísimo gusto piezas de anticuario inglesas, francesas y españolas para conseguir ese estilo entre boutique hotel y casa de campo inglesa que nos enamora en cada rincón: cabeceros distintos en cada habitación, telas estampadas, blancos que dejan protagonismo al mediterráneo y objetos con historia por todas partes. Se nota que cada detalle está pensado, y aun así el hotel se siente como una casa, no como un hotel al uso. "No es un hotel donde vas de paso. Es la casa en la que quieres quedarte cuando vas a Mahón".
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La Cocina de Cristine
Ubicado dentro del hotel Cristine Bedfor y con Pau Sintes al frente de la cocina, el menorquín se convirtió en mejor chef joven de Europa con solo 21 años, cocinando una ‘berenjena de pobre" ofarcida (rellena), plato que representa la esencia de la cocina de Menorca. "Su apuesta no es impostada, no responde a patrones ni a modas, sino que manifiesta un compromiso con la sostenibilidad, el territorio, un empeño contra viento y marea por fomentar lo propio y marcar una oferta totalmente menorquina" (1).
El restaurante, con una llave Michelin, refleja el mismo carácter o ambiente estético, con alfombras, espejos y muebles vintage no exentos de encanto. "Su cocina es mediterránea de mercado, con gran arraigo en los productos de la propia isla (pan de masa madre con sus aliños menorquines, gamba roja, sobrasada de payés y pesca del día de Sa Llotja." (2)
(1). Siete Caníbales (2). Michelin Guide
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Café, piscina y paseo
La primera parada, obligatoria, es tomarse un café en Pigalle, la panadería más cool de la isla. Está en pleno casco antiguo de Maó, en un local que antes fue un restaurante y que conservó su nombre; lo reformaron dejando a la vista los muros históricos del edificio y abrieron grandes ventanales para que se vea el obrador desde la calle, así que puedes sentarte a desayunar viendo cómo hornean en directo. Café de especialidad y bollería que hacen ellos mismos cada día: croissants, pan de masa madre, pasteles. Una manera perfecta de empezar el día.
Después, la mañana se queda en la piscina del hotel, relajándote y leyendo la novela que siempre cargas en la maleta y nunca abres con calma. Y ya que estás allí, explorar el hotel entero sin prisa, un plan perfecto de mañana lenta.
Para comer, Cap Roig es parada obligatoria para probar el plato más famoso de la isla: la langosta con huevos fritos y patatas. Y si os apetece más un arroz, en El Raís, dan en el clavo.
Por la noche, un plan que nos encanta es acercarse a Es Castells, un puerto pequeño al lado de Mahón para pasear y cenar allí. Hay varias opciones muy buenas: el más clásico es El Trébol, con mariscos, pescados y platos tradicionales, puro producto de toda la vida. Y la novedad de hace unos años que ya es un clásico de la isla con un toque más moderno, Pintarroja.
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La Isla del Rey
Hay un plan que consideramos innegociable: cruzar una tarde, con la puesta de sol, en el icónico ferry amarillo hasta la Isla del Rey, ese islote diminuto en pleno centro del puerto de Mahón. Le debe el nombre al rey Alfonso III de Aragón, que desembarcó allí en 1287 antes de reconquistar la isla a los musulmanes; de hecho el 17 de enero, aniversario de aquella conquista, se celebra como el Día de Menorca. Pero lo que más marcó su historia llegó siglos después, con la primera dominación británica: en 1711 la Royal Navy levantó allí un hospital naval, el primer hospital militar británico construido fuera de sus fronteras. Estuvo en funcionamiento casi 250 años, hasta 1964, cuando se trasladó a tierra firme y el edificio quedó abandonado. Décadas después, una asociación de voluntarios lo rescató del olvido y hoy es Monumento Histórico-Artístico Nacional.
Hoy ese antiguo hospital convive con la exposición permanente de Hauser & Wirth, uno de los grandes hitos culturales de la isla en los últimos años, con sus jardines diseñados por Piet Oudolf entre las ruinas. Y este año la isla ha vivido un capítulo más de su historia: la firma australiana Alémais eligió la Isla del Rey para presentar allí su colección Resort, con el hospital y los jardines como pasarela. Una prueba más de que este rincón de Mahón, se ha convertido en uno de los sitios más especiales de todo el Mediterráneo.
Para cerrar la visita, cenar en su restaurante Cantina, con esas vistas al puerto y las casas de enfrente iluminadas que solo se tienen desde allí.
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De compras por Mahón
En Menorca te tienes que comprar unas abarcas y os recomendamos ir a S'Abarca: tienen varias pieles y colores para elegir y te las pueden personalizar, aunque tardan un día en prepararlas, así que mejor ir el primer día. De ropa, algunas de nuestras tiendas favoritas con cosas especiales son Tembo, Casa M o La Cerería. Y en los últimos años han abierto tiendas de decoración con muchísima personalidad que merecen mucho la pena: Can Sab, en Mahón, y Can Sancia, en Sant Climent.
Otro plan muy bueno es acercarse a la galería Cayón: siempre tienen algo especial en exposición y el espacio en sí ya merece la visita. Después, cenar en la terraza o en el patio de Oysters Menorca es el cierre perfecto de la tarde.
Pasear por el puerto también es un planazo en sí mismo: tiendas ideales, heladerías, bares con terrazas muy apetecibles. Si coincide con el mercadillo de la nit, no os lo perdáis, tiene un ambiente estupendo en la plaza. Y de día, acercarse al mercado de pescado, ver la iglesia y disfrutar de las vistas al puerto que hay justo detrás.
Y no os podéis ir de Menorca sin tomar una ensaimada. Recomendamos la de La Mejor, en la plaza de Mahón: esa estética de las de antes, con su terraza tan agradable para sentarse a media mañana. Un tip muy nuestro: comprarlas pequeñitas e individuales y hacerlas a la plancha en la sartén, en su propia manteca, hasta que se caramelizan por fuera. Son un vicio.
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Un día en el agua
En Menorca, lo ideal es alquilar un barco algún día. Si la isla ya es bonita por tierra, por mar te hipnotizan los colores del agua y de las rocas. Hay muchas agencias que alquilan, pero si queréis una experiencia más auténtica, recomendamos un llaüt, el barco tradicional de la isla, en Menorca en Llaüt, o en Fornells, un pueblo de costa súper pintoresco que merece la pena conocer, con The Fleet Menorca: un llaüt pequeñito que llevas tú misma y que se alquila por horas.
Una playa especial, y más grande que las calas, donde en verano se va muy apretado, es la de Cavalleria, con su arena y sus piedras rojas de barro. Después, tienes que subir al faro de Cavalleria a ver el atardecer y tomar algo en la terraza, es de los mejores planes de la isla en el que te sientes completamente en el anuncio de Estrella Damm.
Y si sois muy foodies y os apetece un menú degustación, de los mejores de Menorca, no os podéis perder Sa Pedrera des Pujol.
Lo que nos encanta de Menorca es la manera en la que la isla mezcla lo tradicional con lo nuevo sin perder su esencia. Y todo eso, sus colores, sus atardeceres, el mar… de alguna manera, acaba también en las joyas que diseñamos.
Y por supuesto, viajamos con nuestras piezas de la colección El Pulpo, pensadas desde el mar que disfrutamos cada vez que venimos aquí.